Irene llevaba 22 años buscando. Buscaba a un poeta, para ser la musa de sus sinestesias; a un cineasta para ser la piel de sus historias de amor; a un pintor, para salir con él por las tardes a dibujar las puestas de sol en la playa; a un fotógrafo, para que guardase en su objetivo un beso sobre su lunar de la espalda; a un bailarín, para hacer el amor a ritmo de tango; o a un músico, para ser el latido interno de las melodías de sus manos. Pero hace unos días, se cansó de buscar y ha caído enferma. Irene está enferma de decepción. Ha entrado en shock anafiláctico de desengaño. Sufre masoquismo y demencia senil, además de -como ya comentamos-, crisis epilépticas de inconformismo. Se despierta con arritmias de incomprensión, reflujos gastroesofágicos de rabia y asma de impotencia. El fin de semana le han salido ampollas de insatisfacción, ha sufrido anemia creativa y convulsiones febriles de signos de interrogación.
El lunes decidió entrar en coma, y así lleva, exactamente, 3 días, ni uno más, ni –por desgracia- uno menos. 3 días desconectada de la realidad. He rezado para que un milagro pase. Para que se levante una mañana al lado de ese artista al que lleva 22 años buscando y sienta que la vida… que la vida podría ser maravillosa.
Hoy, 4º día de su coma (siempre le gustaron los jueves), ha llamado al timbre el médico al que habíamos avisado su hermana Julia y yo. Traía analgésicos potentes y un individuo que decía ser músico, pintor y cineasta. Interesante…, me dije. He girado la cabeza para examinarlo y -para mi sorpresa-, he comprobado que era el mismísimo Martín, con una rosa asomando en el bolsillo trasero del pantalón. Julia me miraba, cómplice, de reojo. Le dije que valía, que íbamos a probar. Al cabo de una hora, Irene ha abierto al mundo unos ojos exhaustos de estar ciegos y, con la confusión de su amnesia, ha preguntado por el nombre del chico. Le he dicho que se llamaba Martín y, esbozando una sutilísima sonrisa, ha balbuceado: “es un nombre muy bonito”. A Martín se le han llenado los ojos de agua y la ha cogido por la cintura como si fuese una bailarina de ballet de cristal. Hace diez minutos que se han ido. Se la ha llevado a cenar fuera a un restaurante etíope… no sé qué tal le irá la salsa berebere a Irene en su estado, pero confío en que bien.
Fields of Gold- Sting