sábado, 15 de enero de 2011

Los sorbidos de chocolate de Martín

 
Conocí a Martín Colunga cuando aún no se me habían comenzado ni a calcificar los gérmenes de las muelas del juicio. No me gusta el otoño, pero qué le voy a hacer si era el otoño del 96. Martín llevaba un pantalón corto y una camiseta azul marino manchada con helado de fresa. De cuclillas sobre la plaza del Conservatorio de Música, jugaba con un monopatín diminuto con el logotipo de Coca-Cola y al pasar delante de él, por acto reflejo me clavó unos ojos negros que prometían más solidez que el franco suizo. Tuve la certeza de que tras bajar la mirada había iniciado un viaje espacial y ahora estaba en otro universo paralelo. Me pareció un niño sencillamente feliz.
Primer día de clase de coro. Colunga estaba sentado por apellido entre Irene y yo... Solo de sopranos y Patricia Guerra, aburrida, le estaba dando pataditas en la espalda desde la fila de arriba a Irene mientras se burlaba de mí porque desafinaba. Yo odiaba el coro, pero aún odiaba más a Patricia Guerra, una niña que no sabía ni leerse la talla de los pantalones y que humillaba a Schumann cada vez que tocaba piano. Irene no pudo evitar mirar a Martín en busca de refugio, pero en sus ojos no había ni refugio ni paz, sino un volcán en erupción que se levantó como un ninja para marcarle un zapateado de barro al abrigo de Patricia. Irene y yo empezamos a reírnos como locas. Conclusión: el profesor nos echó de clase a los tres… Ya en la cafetería, Martín nos preguntó el nombre mientras metía monedas en la máquina de chocolate caliente. Acto seguido, dio un sorbo esperpéntico e interminable y nos ofreció un trago que nos unió para siempre.
Hoy es 15 de enero de 2011. Estoy con Irene en mi bar favorito de Malasaña, al que por suerte nunca llevé a Kissinger! Martín acaba de entrar… Irene creo que se ha puesto nerviosa (¿?) jajaja lo sé porque acaba de destrozar la servilleta de papel que tenía en la mano izquierda… me han dado ganas de reírme otra vez como cuando Martín le pisó el abrigo a Patricia… es curioso, han pasado 15 otoños y sigue dándole los mismos sorbidos al chocolate… 

Ghost train- Summer Camp