Nuestro equilibrio emocional no depende del por qué o del cuándo se desarrollan los hechos, sino de cómo los asimilamos y del tiempo que nosotros mismos decidamos que nos afecten .
Las palabras pueden ser el filo de un cuchillo cortante o la caricia de la yema de un dedo; la espina de una rosa o el tacto aterciopelado del pétalo de un tulipán. Los hechos se olvidan, pero las palabras son inmortales, porque asustan más que los hechos y nos ofenden más que la realidad. Las palabras son condición exclusiva del hombre; nuestra manera de manifestar lo que creemos, sentimos o esperamos. De forma que, parece deducción innecesaria el decir que el amor carece de sentido y de realidad sin el reconocimiento que solo puede conferir la expresión oral.
Little Secrets- Passion Pit
