jueves, 6 de octubre de 2011

100 años

           El sueño me ahoga a las tantas...Tengo la noche en la punta de los labios. Vagabunda en mis propios zapatos. Entre las huellas digitales, guardo prisionera la radiografía de tu fractura con la sociedad.
Aprieto la llave a la cerradura de mi inocencia, Javier me llama; El ruido del móvil rompe la simetría que mi vida ya no tiene. Mi mundo cuelga del cable del teléfono. Soy un refugio nuclear desértico. Una catedral sumergida. Una paloma contemplando las estrellas desde la orilla. La nostalgia, inconformista, se escurre por las teclas del portátil. Suena una canción de los Beatles y el eco nervioso de tus pensamientos me vibra en la cabeza como las cuerdas de un violín en la caja de resonancia.

Desapareco de pronto del mundo como una pastilla efervescente en un vaso de agua. Me arranco de cuajo el recuerdo del día de la capucha. Me crucificas los labios en las mejillas y nos decimos adiós.

El aliento de la luna, lo quieras o no, es un bisturí que nos abre el apetito en canal. La noche se hipertrofia en mi reloj, se nos consume como un cigarrillo. Entenderás que la nicotina es muy adictiva. La bruma del reloj es implacable y es que el tiempo es hoy una ridícula marioneta.

Cuelga disecada tu saliva sobre el cuello de tu botella de cerveza. El frío de mi copa de vino me pone la piel de gallina, el mundo se derrama por las comisuras de nuestra boca. Tú también tienes frío y por eso se te pone cara de poeta maldito: me lanzas sin piedad alguna que la vida no es sueño, que la ciudad es hostil, se me llena el alma de lágrimas: tú aún no te has dado cuenta de que sigo queriendo ser una bailarina de ballet…

Hablamos de las llagas de nuestro corazón manoseado y luego te confieso que yo también juego a las muñecas rusas… Pero eso qué importará si a ti los aviones te dan igual, eres un equilibrista desequilibrado, odias al público que va a tu circo, tus gafas son agua contaminada, tienes el pulso acelerado, buscas desesperadamente un refugio, un lugar al que poder regresar, algo o alguien que te agarre al mundo.
A mí se me oxidan las razones escuchándote, te contemplo mitad cómplice, mitad escéptica, pero siempre silenciosa como una catedral.

El sol se deshace mientras me explicas un chiste malo. Miro atrás: te sangran las rodillas y aunque me gusta la medicina, ¡yo qué sé cómo curarte!. Tampoco sé lo que ponía el guión ahora… pero algún día tendré que decirte que todos estamos solos, que nuestras vidas caben en una maleta.

El cielo nos arrastra de vuelta a casa, el sol ya no calienta. Atardecer agrio y opaco que no me has dejado tiempo casi a saborear. 
El grito de las piedras al colisionar con nuestras pupilas de mercurio vuelve loco al perro. Corremos los 3 solos por los campos de castilla. Me embarga la maldita sensación de que somos los últimos hombres en la tierra. Tengo un frío terrible.

Tus palabras trazan un horizonte artificial entre nosotros. Las piedras pasan cabizbajas bajo la suela de mis playeros. El corazón del sendero nos zarandea. Odias la cirugía... una pena desnuda y mustia me pilla desprevenida en el descampado y me pide un penique. ¿Un penique? no tengo un penique... Se marchitan mis ganas de volver a verte al avanzar el camino. Pero no todo es finalidad. Estoy empezando a cogerle un gusto estúpido a hacer cosas que no me llevan a ninguna parte.

Tu mirada decadente me intenta derrocar. El cadáver del silencio me hace enmudecer. Pero soy una chica fuerte y no me rindo tan fácilmente. Me exilio unos pasos del camino. La piel húmeda de tu casa me hace sentir extranjera.
Nuestros ojos se funden en ninguna parte. Nos hemos teletransportado a otra era, otro país. Eres una manada de bisontes en estampida. Pero eso tampoco me da miedo. No eres el primer diastema que diagnostico.

El asfalto hierve bajo las ruedas del coche; a pesar de las metáforas, desde que he entrado en el coche, no me miras.
La arena mojada que trajeron tus zapatos de viaje me empaña la alegría. Trozos de ciudades bajo tus uñas me arañan el alma. Las cenizas de tus historias vuelan sin rumbo. Quieres reconstruir el mundo a partir de una de tus costillas. Sin embargo, mañana nunca será mañana. No sabes quién eres pero hace tiempo que te has lanzado a averiguarlo. Has vivido 100 años en los últimos 23. En tu autopista vas a 200 por hora a ninguna parte. Yo voy en la otra dirección, nos encontraremos en el otro lado del mundo o tal vez el inconformismo nos escupa de nuevo a aquí mismo.

Mañana serás solo la espina de una rosa al final del pasillo, un océano nos crujirá en dos.
Abandonaremos la ciudad, con o sin melancolía.
Me pregunto qué seremos cuando me marche. Cuando te marches.
El trozo de una canción.
Palabras al azar.
Unas manos frías.


Stranger- Tribe of Zebras